¡Hola! Mi nombre es Gonzalo Azumendi, fotógrafo especializado en reportajes de viajes, y trabajo para muchísimas publicaciones en todo el mundo.

En este reportaje, os voy a contar una historia fantástica, un viaje que realicé la primavera pasada al festival Songkran, gigantesca batalla de agua que durante tres días se libra en todos los rincones de Tailandia.

(es importante que os diga que yo no soy “embajador” de Olympus. Podéis ver en mi canal de YouTube, que no es mi máquina, pues sigo la inercia de fotografiar con mis cámaras de siempre. Hoy escribo esto, agradecido de haber podido descubrir esta maravilla que es la E-M1 II)

Mi idea era trabajar con una réflex… entregarme al agua sin protección ni carcasas. Y un buen amigo, ese que todos tenemos, que sabe de cámaras y comparativas, fue fulminante: “tu cámara es la Olympus E-M1 II. Ni Todos los elefantes del mundo escupiéndote agua podrán detenerte”.

Yo no daba fe, pero había que arriesgar. Así que solicité la cámara para probarla en este viaje.

Me dieron el visto bueno conscientes de que ponían una de sus armas más poderosa en manos de un “gladiator” de la fotografía, dispuesto a resistir las interminables horas de combate sin rendirse …

Así partí hacía Tailandia, sin experiencia con la máquina, pero ya en el avión empecé a sentir una extraña emoción mientras exploraba los resortes de su pequeño cuerpo. Aquella noche volando entre las estrellas, entre la E-M1 II y yo estaba surgiendo algo…mariposas en el estómago.

Tras aterrizar, fui a realizar la necesaria ofrenda buscando la buena suerte. En el templo me acompaño un joven monje que había abandonado su vida licenciosa, buscando una salida espiritual… tras prestarse a ser fotografiado, y notando mi escasa destreza con la cámara, la pilló ante mi asombro y me explicó un montón de mandos y posibilidades que yo ni sospechaba … Nos abrazamos y despedimos, cuando me dio un consejo que nunca olvidare: “pequeño saltamontes… tienes que leer las instrucciones, que para eso están…”. Ahora nos seguimos en Instagram.

Y recién llegado aquella noche, en la isla de koh Samui caminaba por la playa de Chaweng.  Sin trípode, tan solo intentando familiarizarme con la cámara, cuando a lo lejos comienza el típico espectáculo de antorchas. Sin tiempo, corro y me sitúo entre las mesas atiborradas del Ark bar. Sabiendo lo efímero del show, actúo por instinto y dando prioridad al diafragma, permito que la máquina elija en automático la exposición.  ¡Me pide medio segundo!  Mantengo la cámara a pulso sin fe en que su estabilizador consiga una imagen nítida tal como me aseguro mi amigo.

Pues bien, aquí os la dejo, un disparo tras una carrera, sorteando gente, sin apenas dormir tras un largo viaje, y con jet lag… ¡Parece una de esas fotos que se ven de light painting! Que nunca lo he practicado, pero sé que el trípode es esencial…

¡Mi romance con la cámara se agigantaba por momentos!

¡ya me sentía preparado para la batalla del Songkran y llego el día! …Aquella mañana en Bangkok el sol era una ardiente llama presagiando el combate.  Todos mis sentidos, todos mis músculos estaban deseando el momento del zafarrancho. Así que me fui directo a Khao San Road. En el camino me iba cruzando con guerrilleros preparados para entregarse en cuerpo y alma, hasta la última gota, en aquellas calles de fuego.

En el día más largo la recompensa acompaña a los que se entregan… como un combatiente más, solo llegar a Khao San, empiezo a recibir metralla líquida por todos los lados. A quemarropa. No hay piedad para el fotógrafo. Como un superviviente nato, no tardo de integrarme en la fiesta y disparo sin parar. Cegados como yo por los chorros, nadie distingue que estoy con una máquina en la mano y me atacan por todos los lados. ¡Es demencial! Estoy aterrado por cómo puede reaccionar la cámara, pero poco a poco me voy soltando con esta arma única en este caos en el que estoy sumergido.

Atardece y el escenario de la lucha va cambiando. Voy hasta la zona de Silom, allí la revuelta es generalizada, no hay piedad con los caídos, ni prisioneros en ninguno de los bandos … la batalla por Bangkok es encarnizada. Fotografío con las últimas luces del sol hasta que cae la noche. Misteriosamente mi cámara sigue ilesa y dispuesta para la acción, igual que yo.

El segundo día de Songkran me dirijo hacia Ayuthaya, donde los elefantes celebran el festival escupiendo potentes chorros de agua a quien se atreva a ponerse frente a ellos. Igual que tanques, los gigantescos paquidermos utilizan sus trompas como cañones ¡poco se puede hacer!, solo mantenerse firme sin dejarse llevar por el pánico,  frente a frente esperando que te vomite el chorro con toda su fuerza…y aguantar el golpe para en ese preciso instante disparar la foto definitiva. El reto es tremendo especialmente para la cámara

Durante todo el día recibo un auténtico castigo, como tsunamis, uno tras otro, y la E-M1 II sigue funcionando imparable. Finalmente, en un giro inesperado, mientras pretendo emboscarle en busca de la súper foto, un elefante me pisa y tengo que ser evacuado para meter el pie entre hielos. (¡Este episodio ya lo podéis ver en mi canal de YouTube!

Con el hielo afortunadamente el hinchazón ha bajado considerablemente y no hay ningún tipo de fractura. Es ya el tercer día de Songkran y muy de mañana, vuelo hasta la provincia de Nan, junto a la frontera de Laos, llena de templos, campos de arroz y bastante alejada de las rutas clásicas del turismo. Mi objetivo es fotografiar este festival en una zona más rural, más íntima. Así que, tras instalarme en el hotel, salgo al atardecer en busca del campo de batalla a lomos de una moto taxi. Cuando de pronto, en el río Nan descubro a gran parte de la población sumergida en el agua, celebrando la fiesta.  Y así, sin estar preparado para ello me tiro… ¡de perdido al río! Alrededor de mi cuello ato mi pequeña bolsa con el dinero, tarjetas fotográficas y baterías extra. Y cámara en mano, levantándola igual que un marine su fusil, avanzo por el cauce, fotografiando entre los felices habitantes de las tierras de Nan hasta que llega la noche.

Han terminado los tres días de festival y Tailandia vuelve a la normalidad. Y yo que he estado batallando cuerpo a cuerpo siempre con el zoom 12-40 en gran angular, (12 mm. ) , disfruto de Nan haciendo algunas imágenes, utilizando la posición medio teleobjetivo, (40 mm del zoom). En el mercado una chica me muestra un ? chile y yo lo interpreto como una señal, como si me dijese que le importa un pimiento que lo pruebe haciéndole un retrato a ella. Y llena de amabilidad, como casi todas las gentes de Tailandia, así me posó.

Continuo mi viaje por tierras de Nan, y otros lugares de Tailandia de los que os hablaré en algún futuro post. La relación entre la Mark II y yo fue fortaleciéndose día a día. Aquello que empezó como una simple amistad, se convirtió en una inolvidable historia de amor entre un “photographer” y su más preciada aliada. Así que la última noche antes de volver, decidí obsequiarle con una última sorpresa… la lleve a la terraza del restaurante Vértigo para despedirme con ella de Bangkok haciendo alguna foto del skyline al atardecer. ¡Puro romanticismo! Igual que nosotros, allí estaba también una joven pareja entregándose a un selfie en el que captar su instante de amor. Y fue la última prueba: sin segundos para reaccionar ante el fugaz instante, levanté la cámara y disparé. Pero recién llegado, mi Olympus no estaba preparada, y tiré a lo loco. Y al leer hoy los ajustes para deciros cómo se tomó la foto (400 iso, F4,5 – 1/6), descubro que a pesar de la rapidez de mi gesto y lo abierto del diafragma, el foco abarca toda la escena y no hay rastro de movimiento. ¡Maravillas de la técnica!

Si quieres vivir mi aventura en primera persona, puedes hacerlo con el vídeo que publiqué en mi canal de Youtube. ¡Nos vemos en Tailandia!

Epílogo:

Hoy tengo el sueño recurrente de que en un sorteo me toca un equipo Olympus compuesto por dos cámaras E-M1 II y algunos zooms. Y me despierto agitado y convulso, lleno de felicidad, hasta que compruebo que efectivamente solo ha sido una fantasía. Pero las utopías están para hacerse realidad y ojalá llegue ese día donde pueda continuar mi romance con aquella cámara que me acompañó en tan precioso viaje a Tailandia.

Esto y más, en breve lo podréis encontrar en un nuevo video surrealista dedicado a esta aventura, en mi canal de YouTube.

Os animo a que os suscribáis para verme en acción en las situaciones fotográficas más locas y divertidas… where the action is! Un gran abrazo.

Y si queréis ir a Tailandia, aquí tenéis otras webs de interés:

http://www.turismotailandes.com/

https://www.viajesazulmarino.com/viajes-a-tailandia