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#PENFStories II

Conoce las PEN-F Stories

Imágenes que logran captar un instante. Instantes que se expanden en historias. Cuando la fotografía y el relato corto se unen, consiguen crear una historia que transporta al lector.
Descubre la magia que han creado @Piluro (texto) y @Tiempodecerezas (fotografías).


I

Alguien dijo: nadie hablará de nosotras cuando estemos muertas. Bueno, era cierto. Fuimos un broche en la solapa de la humanidad, un horno de vida, inagotable y paciente, que esperó siglos a que la especie madurara, tapizando butacones, frunciendo visillos, secando hortensias para decorar algunas recepciones, en un gesto inagotable de paciencia e imperceptibilidad.

Existía algo menos efectista que la posteridad, sin embargo, que todas esas mujeres fueron nutriendo: la conciencia colectiva. Esa energía sigue latiendo, en busca de respuestas. Respuestas para nosotras, las brujas, alejadas de las urnas, las madres de la vida; un ente que despierta, siglos después, con paso lento, aún, a medio decidir si con la palabra o con la furia. Está poniendo la extremidad en la tierra, está desperezándose, pensando en cómo resolver este problema que no es sólo nuestro, sino de la especie. La gran mujer, a punto de abrir los ojos. La suerte está echada. Y tal vez sí, sí. Tal vez hablarán de nosotras cuando estemos muertas.”

 

 

II

“La pesadilla más recurrente de su infancia es la siguiente: un monstruo la persigue, y ella no puede caminar. Aprendió hace años, caramba, a medio camino entre Vigo y Ferrol; cómo puede ser que no lo recuerde. ¿Pedir auxilio? Imposible. También ha perdido la voz. Ese sueño -le dijo su amiga, años más tarde-, nos ha pasado a todas.

A veces piensa, ya crecida, que se trataba de un entrenamiento para lo que vendría después. Lo que vendría después, fíjate tú, era el miedo. Una enfermedad autoinmune, un parásito violento e impulsivo que vive en el pecho, en el mismo lugar en el que reposan los recuerdos del pasado o el olor a suavizante de su madre. El bicho, cuando aparece, no repta: centrifuga. Y no es gracioso: si hay algo delicado cerca -una taza, su autoestima-, el movimiento lo derriba.

Ahora lo sabe: el mal sueño no consiste en darse de bruces contra las farolas, o en que la despidan, o en que su hermano se deje maltratar. La pena no es que el ginecólogo la mire a los ojos, sin titubear: si quieres tener hijos, piensa en adoptar. No es el ogro feroz babeando al otro lado del pasillo. La verdadera pesadilla es olvidar cómo se reacciona. Perder de vista sus facultades, su potencial. Nuestro potencial, nuestra esencia, nuestra infinita fortaleza. En ese momento, lo más sensato es llegar al final, no sé si os acordáis. Yo sí, como si fuera ella y como si fuera ayer: cuando te acercabas, el monstruo desaparecía.