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Pasión por la fotografía, pasión por la montaña, por Javier Camacho

Llevo desde los ocho años descubriendo paisajes de alta montaña, Pirineos, Alpes, Urales, Andes, Alaska, y 6 expediciones a montañas de más de 8000 metros en los Himalayas, siempre con una cámara de fotos en la mochila.
A través de los muchos metros de desnivel ascendidos y descendidos con la cámara a cuestas durante más de 35 años , hemos aprendido que para la obtención de buenos resultados en esta modalidad fotográfica tan específica, (debido a sus características y al entorno donde se desarrolla) hay dos cosas esenciales: una es la fuerza de voluntad y la constancia del fotógrafo, el factor psicológico, sentir “PASIÓN” por aquello que haces, amar la fotografía, amar la naturaleza, amar las montañas,… y la otra es ser muy cuidadoso a la hora de elegir el equipo fotográfico que llevas contigo.

A diferencia de otras modalidades paisajísticas, donde los lugares son más accesibles, y la climatología no es tan severa, la fotografía de montaña, requiere en general de una preparación física aceptable y de una apropiada capacidad para soportar los rigores del clima más severos.

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Olympus OM-D E-M5 Mark II y Zuiko 7-14 f/4

Sin lugar a dudas y como en muchas otras especialidades fotográficas, en la fotografía de paisaje y de forma más determinante aún, en la de montaña, salvo en situaciones específicas en las que el fotógrafo intenta buscar o plasmar otro tipo de cosas (fotografía creativa, fotografía de actividad alpina ), los resultados vienen muy determinados por las luces, esos momentos fugaces que le dan al paisaje y a la fotografía esa belleza especial, ese plus que convierten el momento y la imagen en inolvidable.
Así pues, si queremos buscar esas luces especiales, la actividad ha de desarrollarse por lo general, a primera y a última horas del día, buscando los amaneceres y los atardeceres, en los que las luces se tiñen de colores rojos, magentas, amarillos y naranjas cálidos en contraste con colores cianes y azules fríos, o la hora azul cuando surgen las primeras estrellas.

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Olympus OM-D E-M1 y Zuiko 75-300mm

Esas horas, especialmente en los amaneceres, suelen ser las más frías del día, si esto viene unido a la altura y a la presencia de nieve o hielo, o que haya que madrugar muchísimo para llegar hasta el lugar previamente seleccionado, hace que realizar este tipo de fotos requiera esa especial fortaleza o constancia que en definitiva es la que determinará quién va conseguir buenos resultados y quién no. ( Conozco fotógrafos que me han acompañado en expediciones y que por pereza o falta de determinación se han perdido muchas fotos de momentos irrepetibles, salir del saco de dormir con varios grados bajo cero y el techo de la tienda totalmente escarchado, requiere de una gran fuerza de voluntad ).

Lo que caracteriza al paisaje de montaña y le da ese toque que lo hace especial, en muchos casos es su inaccesibilidad, la lejanía, su soledad, su entorno salvaje y grandioso, sus altivas cumbres. Por ello en muchas ocasiones, llegar hasta las localizaciones supone un esfuerzo muy grande. ( Me he pegado andadas de muchas horas para ir a localizaciones concretas, hasta 4 y 5 veces y no he conseguido hacer una foto decente, lo que no hace que me rinda ). Por esta razón creo que la fotografía de montaña puede ser la más ingrata y desagradecida que existe, pues en definitiva y después de muchos esfuerzos, en nuestras manos no está dominar el factor principal, las luces y la climatología.
Además de las luces de amanecer y atardecer, existen otras ocasiones, en los que podemos querer buscar otras cosas, como por ejemplo crear volúmenes, con sombras muy pronunciadas, resaltar los surcos o corredores que se crean en algunas cumbres, por lo que, de manera excepcional buscaremos las horas más cercanas al medio día, o después del amanecer.

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Olympus OM-D E-M1 y Zuiko 75-300mm

Además de las luces, en este tipo de fotografía, también son muy apreciadas las imágenes que muestren unas condiciones metereológicas muy severas, esa lucha del ser humano contra el medio natural, por lo que a veces el mejor momento para hacer fotos, es el peor para estar en un terreno tan hostil como es la alta montaña, y lo que más apetece es estar en casa al lado de la estufa más que pasando frío (no es la primera vez que selecciono mi escapada fotográfica al monte aprovechando una ciclogénesis explosiva o previsiones climatológicas con grandes nevadas y fríos intensos).

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Olympus OM-D E-M1 y M.Zuiko 12-40 2.8 PRO